Ciudad Universitaria / 15° Concurso de Crítica Cinematográfica Alfonso Reyes "Fósforo" / No. 254

Una realidad que habita en la ficción

Ian Lira
Categoría: Bachillerato


La historia que se revela a lo largo de la película no es sólo la de una madre o la del barrio de Tatiana Mazú, sino la de toda una sociedad. Ahí se encuentra la importancia de este documental: en que podamos reflexionar sobre lo que representa su título. Éste proviene de un pasaje de Walter Benjamin, quien argumenta que cualquier documento de civilización viene acompañado de barbarie. Es por ello que la barbarie que nos muestra no es un fenómeno aislado, sino uno presente en distintos rincones del mundo, en este caso representada en la cotidianidad de dos espacios: Buenos Aires y su conurbano. Siempre han sido distintos, pero antes se complementaban como dos piezas de un mismo rompecabezas; hoy, en cambio, esas mismas diferencias son las responsables de abrir una brecha enorme entre ambos.

Un símbolo claro de esa separación es el puente entre Buenos Aires y Lomas del Mirador, concebido con la idea de propiciar la convivencia entre esos dos espacios. Pero en la actualidad, lejos de unir, subraya la fractura entre ambas realidades.

Para el lado de Lomas del Mirador el puente no sólo no era un medio de conexión, sino que servía como una prisión impuesta desde el Estado. Allí parecía imposible escapar de la violencia que dominaba la cotidianidad, pero no para un joven Luciano de dieciséis años, pues él sí creía en una vida alejada de la violencia. Tal vez eso explique su fijación con autores como Julio Verne y, en general, su gusto por la ficción. Sentía que era el único con la facultad de imaginar algo distinto, un mundo completamente diferente que, de hecho, no estaba tan alejado: esa otra realidad se encontraba a escasos metros, al cruzar el puente.

Para muchos de los habitantes del conurbano, este puente también funciona como un elemento propio de la ciencia ficción. Es un espacio que permite transitar de un mundo a otro en cuestión de pasos. Sin embargo, aunque sus habitantes se mueven entre esos dos mundos a diario, ninguno parece percibir el contraste que existe entre ambos y, por ende, tampoco la barbarie que acompaña su entorno.

Esto se debe a un grado de ceguera que los atrapa; motivo que es representado por la fotografía de Francisco Bouzas a través de un recurso presente, sobre todo, con el trabajo de cámara en los primeros minutos del filme. Bouzas presenta la luz como un elemento abstracto y borroso, similar a la vista que tendría alguien con astigmatismo. Al mismo tiempo, esta ceguera permea la narrativa, pues los habitantes dejan de percibir los acontecimientos violentos que forman parte de su día a día. La ceguera se convierte en una patología impuesta en la sociedad y sólo sirve para cubrir las huellas del Estado, el victimario.

Uno de esos personajes afectados por la ceguera fue la madre de Luciano, Mónica Raquel Alegre. Para ella, esas imágenes borrosas y distorsionadas son reflejo de su propia incertidumbre, ya que esa condición le impedía acceder a la verdad de lo ocurrido con su hijo. Su falta de visión encuentra cura hasta el final del largometraje; el motivo de la ceguera que estuvo presente a lo largo de la película se acaba en el momento en que Mónica comienza a encabezar la lucha contra las desapariciones. En pantalla, ese momento es reconocible, ya que también es cuando, por primera vez, se revela su rostro al espectador.

En sus ochenta minutos de duración, Todo documento de civilización nos hace ver que la ceguera y el silencio que hemos adoptado se puede superar, y que atravesar los peligros que nuestro entorno nos impone no es una hazaña reservada a los personajes de Julio Verne.




Ian Lira (Ciudad de México, 2008). Estudiante en la Escuela Nacional Preparatorio 3 "Justo Sierra". Cinéfilo y realizador en formación. Su cortometraje Transiciones recibió Mención Honorífica en el 10° Festival de Cine y Cortometrajes de Orlando.