Dios es redondo y trae Mundial: entrevista con Juan Villoro

Arturo Molina

DEL ARCHIVO

Los grandes momentos reclaman palabras. Nadie sobrevive en silencio a una tragedia y nadie se queda callado ante un gol que importe“, escribió Juan Villoro en Balón dividido. Dice, además, que vemos partidos y escribimos de futbol para recuperar la infancia, esa que nos asignamos, no la que en verdad vivimos. Si se le pregunta, afirma, no sin un pequeño ápice de duda, que el mejor gol de los mundiales, uno que vio en vivo y a todo color, fue el que Maradona le marcó a Inglaterra en ese partido mítico, donde se llevó a la mitad del equipo, incluyendo al portero, desde la media cancha.

Al otro lado de la pantalla, en una reunión virtual, Juan Villoro muestra la calma que le he visto en cualquier entrevista, conferencia o presentación, la del hombre que parece sentirse cómodo en toda situación, acaso con esa seguridad que da cargar una enciclopedia inconmensurable detrás y listo para invertir papeles y convertirse, a ratos, en entrevistador.

Una vez que termina de hacerme preguntas generales sobre el lugar desde donde le realizo la entrevista, nos adentramos en los temas que nos reúnen: Punto de partida, el futbol y los mundiales.

Fotografía: Sofía Grivas
Fotografía: Sofía Grivas

¿Qué significa Punto de partida para ti?

Fue —y es— un foro esencial para los jóvenes escritores, su nombre precisamente indicaba que era el sitio para empezar. Yo conocí el proyecto a través de sus talleres, tenía quince años cuando vi un anuncio en el periódico Excélsior, que entonces era el mejor de México, dirigido por Julio Scherer García. Ahí vi que se estaba promoviendo un taller coordinado por Augusto Monterroso —y además gratuito— en el piso 10 de la Torre de Rectoría, cuando no tenían oficinas propias. Por eso, cuando terminaba la jornada burocrática, se vaciaban todos los escritorios y solamente uno quedaba encendido con la luz allá arriba.

Lo primero que supe fue que Augusto Monterroso ya no coordinaba el taller. Su lugar lo había ocupado Miguel Donoso Pareja, autor ecuatoriano y también, como Monterroso, exiliado en México. Es mucho
lo que le debemos a los escritores e intelectuales que tuvieron que huir de las dictaduras latinoamericanas; especialmente para mi generación fueron decisivos, yo estuve en este taller cuatro años. Ahí conocí a Mario Santiago Papasquiaro, que por entonces todavía se hacía llamar José Alfredo Zendejas, y a Roberto Bolaño, que aparecieron en Los detectives salvajes como Ulises Lima y Arturo Belano. En esa novela Roberto Bolaño alude al taller que sesionaba los martes, el de poesía, dirigido por Juan Bañuelos.

Cuando me recibieron en el taller, a pesar de mi juventud, Miguel Donoso me preguntó cuántos cuentos había escrito. Yo era muy ingenuo, tenía solamente un cuento escrito y para hacerme el muy prolífico le dije que dos, entonces me pidió que llevara ambos la siguiente sesión y me puse de inmediato a escribir un segundo cuento, malísimo, que quería tener un gran compromiso político. Trataba sobre mineros que estaban subyugados, y evidentemente no conocía para nada las circunstancias del tema. A él le pareció que era el primer cuento que había escrito porque se notaba la falta de oficio, así que rabajamos el otro que sí había escrito antes.

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En el prólogo de la antología de cuentos Los nombres de las cosas que allí había, de Antonio Skármeta, dices que conociste a Bolaño en la premiación de un concurso de Punto de Partida.

Participé dos veces, en 1973 y 1975, en ambas quedé en segundo lugar, nunca logré el primero. Me parece que en la segunda, la de 1975, fue que conocí a Roberto Bolaño porque uno de los jurados de cuento había sido el escritor chileno Poli Délano, otro exiliado al que le debemos mucho. Yo estaba hablando con él cuando de pronto llegó Bolaño, también chileno, charlamos y nos volvimos amigos hasta su muerte en el 2003.

Para mí, Punto de partida significó primero el aprendizaje en el taller, los amigos que hice ahí, compañeros de escritura, por decir algunos, Carlos Chimal, Jaime Avilés, los propios Mario Santiago Papasquiaro y Bolaño; o también a quienes conocí después de haber publicado en la revista, y que no estuvieron en el taller, como Evodio Escalante y José Joaquín Blanco. Mi hermana Carmen también ganó, no recuerdo si segundo o tercer lugar, en viñeta. Es una revista que está muy asociada a mis inicios, también debo decir que la primera vez que publiqué en libro fue en las Ediciones de Punto de Partida, porque cada cierto tiempo se hacían antologías con algunos de los escritores jóvenes de la época. Todos mis inicios, mis orígenes, tienen que ver con este proyecto.

Concluye diciéndome que su historia en el taller terminó cuando Miguel Donoso Pareja lo corrió. Las razones que le dio fueron comprensibles: debía introyectar la crítica, no podía seguir llevando sus textos para que alguien más los revisara, porque eso genera un estado de comodidad del que muchas veces no se puede salir. Él entendió las razones y tras finalizar aquella última sesión, en vez de bajarse por el elevador desde el décimo piso de Rectoría, quiso bajar por las escaleras, quizá para demorar su salida del taller; no se quería ir. “Y tal vez ahora seguiría ahí, si no me hubieran echado a tiempo”, remata.

Entrando en materia futbolera: ¿cuál es alguna de las más grandes enseñanzas que te ha dejado el futbol?

Me ha dejado enseñanzas personales, más que literarias: el respeto al contrario, por ejemplo. El saber que los adversarios pueden ser mejores que tú y que incluso los puedes admirar aunque sean adversarios. Yo creo que los grandes futbolistas de la historia han destacado no sólo por lo que ellos han hecho en el campo, sino porque han convertido a sus compañeros en mejores futbolistas. El ejemplo supremo es, por supuesto, Maradona en México 86. Nosotros podríamos haber sido campeones si hubiéramos tenido a Maradona, porque nuestra selección era bastante competitiva, pero nos faltaba ese salto de calidad. Y la selección argentina no era particularmente buena, pero Maradona hacía creer a sus compañeros que eran muy superiores a lo que realmente podían hacer. Esa intoxicación del talento generaba resultados extraordinarios, porque dentro de la cancha era la persona más humilde y solidaria, y eso es muy importante.

Miguel Donoso solía llegar al taller con los libros que iba leyendo en el camión, pero también llevaba siempre un ejemplar del Esto, el periódico deportivo más leído de México en ese momento. A mí me sorprendió que un intelectual llevara un periódico deportivo; él me quitó el complejo de pensar que el deporte pertenecía al populacho y que no se podía hablar de él. Una de las lecciones que aprendí en ese taller es que la cultura popular forma parte esencial de la llamada “alta cultura”, que la música de tango, danzón, rock o cumbia puede formar parte del repertorio emocional de nuestros personajes.

¿Qué piensas acerca de la derrota y nuestra relación con ella? ¿Crees que el mexicano tiene un estrecho vínculo con ella?

A los mexicanos no nos queda más remedio que conformarnos con lo que sucede, porque si hiciéramos depender nuestras emociones del marcador, tendríamos que ser masoquistas. México es uno de los cinco países que más veces ha participado en los Mundiales, los otros cuatro son Brasil, Alemania, Italia y Argentina, que han sido varias veces campeones del mundo; entonces no tenemos mucho de qué presumir, pero nuestra afición es extraordinaria. Yo he escrito que si hubiera un Mundial de públicos, México podría llegar a la final, por la algarabía que causamos, por el entusiasmo que mostramos. Y estoy convencido de que en México, la afición hace más esfuerzo que los jugadores.

Lo importante es el hecho de estar juntos, poder congregarnos, eso es absolutamente esencial. El filósofo Jorge Portilla escribió un ensayo maravilloso, Fenomenología del relajo, en donde explica perfectamente la dinámica de las fiestas y las ceremonias mexicanas. Normalmente hay un pretexto que puede ser cívico, religioso o familiar donde se congrega la gente, pero una vez que ya todos estamos reunidos, la dinámica de la fiesta se dependiza y su origen importa muy poco. Es algo que vemos en el día del grito, que no es una fiesta patriotera o patriótica, sino una fiesta de nosotros mismos, con un pretexto histórico que nos puede importar más o menos. Quiero decir, no estamos ahí para pedir la recuperación de Texas, no estamos haciendo una reivindicación política, no. Lo mismo sucede con la Virgen de Guadalupe, tal vez no somos muy religiosos, pero armamos una fiesta increíble; o las posadas, que tienen un pretexto religioso y se convierten en otra cosa.

El futbol es eso, un pretexto que tenemos para estar juntos, para congregarnos, para disfrutarnos como afición. Y si acaso la Selección gana, pues qué mejor, aunque normalmente no lo haga. Por eso nuestro grito de guerra en las tribunas es “¡Sí se puede!”; ésa es la demostración empírica de que normalmente no se ha podido.

¿Qué relación observas del público mexicano con su futbol local, frente al europeo?

Te permite una asociación emocional que no puedes tener con el futbol internacional. Todas las naciones siguen teniendo ídolos locales y querencias por ciertos equipos y no por otros, independientemente de los resultados; hay escuadras que nunca han sido campeonas y que sin embargo tienen muchos seguidores. En Los once de la tribu escribí que los futbolistas, cuando saludan en el círculo central, para nosotros representan algo más que atletas, algo más que deportistas, algo que los trasciende.

La problemática del nivel en el futbol mexicano viene en parte por la corrupción que hay al interior de la Federación, además de que es un éxito mercantil, tan grande que desgraciadamente perjudica la calidad deportiva en aras del negocio fácil. Entonces, como aficionado, necesitas una capacidad de autoengaño grande para aceptar lo que ocurre en el futbol mexicano, con las camisetas infamadas por ocho anuncios diferentes, la interrupción de la transmisión en televisión para te ofrezcan un colchón y un osito rebotando en él que te diga “qué golazo”; todo el tiempo es una comercialización del juego.

Como el caso del Tecatito Corona. Su apellido era el nombre de una cerveza contraria a la que patrocinaba su equipo, así que para que su nombre no promocionara otra marca, tuvieron que inventarle el apodo de Tecatito. Cuando un futbolista ni siquiera tiene derecho a su nombre, te puedes imaginar el margen de libertad que hay.

Entonces, si eres mínimamente consciente de lo que pasa en el futbol, no puedes pasar por alto esta organización tan mafiosa del juego y, por otra parte, tan exitosa para quienes ganan el dinero.

¿La corrupción es síntoma de la sociedad?

Por supuesto, de la impunidad que campea en tantas cosas en México y a nivel mundial; el deporte se ha convertido en un pretexto para hacer negocios sucios con cara amable. Porque en teoría el deporte es algo necesariamente positivo, pero si tú ves a los jerarcas que ha habido en el Comité Olímpico Internacional, en el Consejo Mundial de Boxeo o en la FIFA, te das cuenta de que son auténticos caudillos que duran diez, quince o más años en el puesto, y son instituciones que teóricamente no tienen ningún principio comercial y sin embargo amasan fortunas extraordinarias.

Donde ha habido corrupción muy flagrante es para el mundial de 2026. La investigación que hizo el FBI en 2015 reveló que las sedes de Moscú y Catar habían sido compradas con sobornos. Desde ese momento supimos que el siguiente mundial iba a ser dado a Estados Unidos porque ellos habían hecho esa investigación, y porque fueron el principal afectado en las decisiones anteriores. Como se trataba de una operación tan evidente buscaron disfrazarlo con un mundial de toda América del Norte, pero México y Canadá son simples comparsas que tienen muchos menos partidos que Estados Unidos. El hecho de que México se preste a ser una comparsa, habiendo organizado dos de los mejores mundiales de la historia, es lamentable. La corrupción es universal, cambia solamente en dónde y cómo la puedan ejercer.

Cada acto deportivo internacional se da en un contexto geopolítico específico. ¿En qué contexto llega el Mundial de 2026?

El futbol siempre tiene resonancias con lo que pasa en la realidad. En México, en el Mundial de 1986, hubo una rechifla al presidente Miguel de la Madrid, y yo escribí que esa rechifla estaba hecha por el Partido del Temblor, es decir, por una serie de miembros de la sociedad civil que habían visto con indignación la muy deficiente conducta del presidente Miguel de la Madrid durante el terremoto del 85, todos aquellos que fuimos brigadistas. Ahí, en el Estadio Azteca, ocurrió el primer plebiscito contra el PRI. En la Ciudad de México, a partir de ese momento, el PRI no volvió a ganar una sola elección, podrá ganar una que otra alcaldía, pero nada más.

¿Y en cuanto a lo futbolístico, cómo llega México?

No hay material humano para que Javier Aguirre consiga algo, él no es san Martín de Porres, no puede inventar un equipo que no tiene y claramente es un equipo condenado, si no a un fracaso estrepitoso, por lo menos a no trascender.

A mí me gustaría que nuestra selección jugara como Marruecos, como Egipto o como Senegal; es decir, no como las potencias tradicionales, sino como estos equipos emergentes que están haciendo un buen papel, que tienen buenos jugadores y que se han sobrepuesto a muchas dificultades, logrando cosas importantes. Ojalá pudiéramos jugar como ellos, pero somos muy inferiores todavía.

Específicamente del futbol, ¿qué te conmueve?

Muchas cosas, el futbol tiene que ver con posibilidades extraordinarias. Como por ejemplo el “pase al hueco”, esta jugada significa que alguien pasa el balón a un espacio, no en donde un jugador se encuentra, sino adonde puede llegar. Es decir, habla de las posibilidades humanas: no te están mandando un balón porque tú ya hayas llegado a un sitio, sino porque confían en que lo harás. Tan sólo esa jugada habla espectacularmente de la condición humana, la posibilidad de mandar un mensaje para que otro sea capaz de atraparlo y de hacerlo válido.

Y así sucesivamente, cada jugada puede darnos enseñanzas humanas muy importantes, el solo hecho de que el futbol se juegue con los pies hace que se revierta la historia completa de nuestra especie, una que le dio mucha importancia a los pies en su origen, de cuando éramos antropoides subiéndonos a los árboles. El desarrollo humano es el desarrollo de la mano, el ojo y el cerebro, y sin embargo hay esta parte primitiva, atávica, que de pronto se vuelve importante, es el regreso al origen de la civilización: eso también es muy conmovedor.

Antes de pasar a las preguntas de muerte súbita, hablamos de las selecciones de repuesto, que son aquellas que tienen aficionados de países como México, es decir, a las que apoyamos y que tienen posibilidades reales de levantar la copa. Ambos coincidimos en que Argentina es la nuestra. Y es que como dice el psicoanalista argentino Luciano Lutereau: a veces se habla del amor a la camiseta, pero el amor más grande, es el amor al juego”.

Preguntas de muerte súbita

¿Ver un partido como periodista o como aficionado?

Como aficionado, siempre.

¿Gol calvo o gol de tijera?

De tijera.

¿Tiempos extras o gol de oro?

Tiempos extras

¿Muerte súbita o gol de último minuto?

Gol de último minuto.

¿Tu selección de respaldo?

Argentina.

¿Siempre o para este mundial?

Desde Maradona. A Argentina le tengo una debilidad grande.

¿Gol favorito de los mundiales?

El de Diego contra Inglaterra en el que burló a media selección inglesa. Es insuperable… además contra Inglaterra, después de la guerra de las Malvinas. Ese partido tuvo un componente histórico muy fuerte.