Editorial
Desde la Antigüedad hasta hoy, el color sigue siendo uno de los fenómenos más enigmáticos y fascinantes para la humanidad. Sobre él se ha escrito en la filosofía, el arte y la ciencia, y sus explicaciones contrastan en pensar la naturaleza del color más allá de la percepción humana, o bien, en descifrar la fisiología que hace posible percibirlo. Todos los seres vivos nos relacionamos entre nosotros a través de él, conscientes de ello o no: para ahuyentar, atraer o engañar; para identificarnos y diferenciarnos; para representar y recordar. Por ello, este número propone el color, cualquiera de ellos, como foco de la escritura.
El dossier comienza con el relato “Doce días de seda”, con el que Valeria Guzmán Castillo, periodista de El Salvador radicada en Barcelona, resultó finalista del IV Premio de relato migrante convocado por el Centro de Estudios Mexicanos de la unam en España y el Festival Centroamérica Cuenta. Un texto que habla de la precariedad laboral de la comunidad migrante y del tono de la piel como termómetro de sociabilidad. Le siguen dos poemas de Diego Montoya Coquis donde el color figura como signo del paso del tiempo en la infancia y la cotidianidad. También aparecen distintos tonos del rojo: el que colma los escenarios bélicos en “La señal”, poema de Gerardo Almaraz; en la crónica de Andrea Martínez acerca de su iniciación en la nota roja; y en el poema “Equimosis”, de Marisol Ramírez Cruz, sobre la hipnosis de las huellas del dolor.
Entre otros textos, están aquellos que ofrecen recorridos sensoriales y que sitúan colores específicos de cosas como índice de las emociones; así lo hacen Lucero de la Fuente en “San Miguel Tepalca”; Victoria Marín Fallas en “Díptico en ausencia de color”, un poema híbrido entre prosa y verso, y Daniela Rico Straffon, que escribe una crónica sobre su viaje a Irlanda, donde se descubre como la dueña absoluta de su tiempo. Para Armando Gutiérrez Victoria la luz cálida es una suerte de presagio, y para Fernando Hernández Alcalá, que escribe “Bitácora de un pescador”, los colores son evidencia de una vida que se desvanece. Y en un sentido opuesto, a pesar de su omnipresencia, Gael Montiel y Jorge A. Mejía nos dicen de ellos que son “una mentira para darle sentido al mundo” o, de la luz ultravioleta, que “su nombre es más de nombre que certeza”. Cierra esta parte un poema de ritmo y tono performático escrito por Tamara Andrea Salamonovitz Rivadeo.
En este número, Estudio abierto es resultado de una conversación entre el reconocido artista Chavis Mármol y Luisa M. Zárate a propósito, entre otras cosas, de la identidad y de su desapego crítico a las fórmulas repetitivas y complacientes. Y en la sección de reseñas, Evaluna Pereyra escribe sobre Blanco de Han Kang, Premio Nobel de Literatura en 2024, y Giselle Meza reseña La tierra que no te quiso, primer libro de Mariano del Cueto publicado por la editorial El arte nuevo. Para Tinta suelta publicamos la serie de viñetas de Lizzabela “Génesis en negro”, y a los poemas, crónicas y cuentos, los acompañan piezas de Aura Marun, Rosario Lucas, Sofía Altieri, Abinadí Martínez, Ivanna Villarán, Itzia Vieyra y Melissa Paredes, a quienes también agradecemos pensar en este espacio para dar a conocer su trabajo gráfico.
Que disfruten este número.
Aranzazú Blázquez Menes