Misifustófeles, pero para los cuates, Misifú

Está allí, entero,
cerrado sobre sí mismo como una piedra caliente.
Su mirada es una réplica
de cualquier movimiento mío.
En sus ojos amarillos el mundo se recoge
y se afila. Toca el aire hacia arriba.
Se asea en el fervor íntimo que le persigue.
Una pata, la otra.
Tintinea los bigotes a lo lejos
hasta quedar satisfecho. El guapo
de la cuadra, con un moño azul nuevo.
Cae y camina sin tocar el piso.
Entre sus patas sueña que el mundo entero le obedece
y curva el día a su paso. La luz aprende un poco
del ritmo entre sus patas. Yo calculo su carisma
muy de lejos, y cuento, algunas veces,
el número de anillos dibujados en su cola.
Imagino que la cantidad
es correspondiente a la cualidad de sus talentos,
responsabilidades de otra vida
donde seguramente volvimos a dormir juntos,
cruzados como nuestras miradas ahora mismo.

Echado panza arriba con la indiferencia monstruosa
ante cualquier movimiento o ruido, me siento a tu lado
y contemplo tu corona gris de pelos.
El silencio pendiente de una elegancia compartida,
como yo en estos últimos años desde tu nacimiento.
Te aprendemos, en el misterio al que perteneces
tal como una insignia. Llamas a la puerta,
abres el mosquitero, calculas la forma más fácil
para escapar en un solo acto de magia.
Se yerguen bajo estremecimiento los siete nombres
afelpados que el exilio cósmico marcó,
cinturón espinado de leche.
Terciopelo de aire sobre mi regazo de tul.

Escena de gato sobre un tapete mirando hacia arriba. Encuadre cenital. Luna Lambert
Luna Lambert