0243_Editorial

Objetos / No. 243


Su presencia en nuestra vida es total, irremediable. Tanto, que ni sus más obstinados detractores —los minimalistas— han logrado deshacerse de ellos. También tienen club de fans —los coleccionistas— que los convocan, casi siempre contra su voluntad, según su historia, su rareza o su apariencia, y casi nunca por su utilidad. Los OBJETOS están por doquier, incluso en estas páginas; aquellos sobre los que escriben los autores y autoras de este número son, en su mayoría, cotidianos: pijamas, cubiertos, peluches, libros, muebles y una que otra cháchara —maravilla de palabra del español—.

Sobre estas últimas escribe Ana Paula Sierra; esos recuerditos que pueblan las vitrinas familiares y la infinidad de fotos que satura nuestras memorias digitales representan la ironía de acumular hasta el olvido. Seguimos con “Tenedor”, “Cuchara” y “Cuchillo”, una brevísima muestra del poemario Murciélaga, primer libro de Clemente Guerrero y volumen 25 de las Ediciones de Punto de Partida. Luego, el ensayo de Laura Sofía Rivero, “Alabanza a la pijama”, nos contagia la tentación de enfundarnos en la comodidad de la holgura y el desenfado. Mariana Soto Almaguer —la autora más joven de este número, nacida en 2006— escribe “Reconstrucciones”, un poema que encuentra en el duelo las herramientas para “encajar de nuevo en casa”.

A través de una serie de imágenes hechas con fotografía y collage, Sara Herrmann encuentra en los genéricos tickets de compra la oportunidad para revisitar momentos significativos y narrar una historia personal. Eso permiten las colecciones. Así también, el cuento de Luis Fernando Rangel, “La República Popular de los Gatos”, transcurre en un paisaje melancólico donde lo coleccionable no es tanto lo material, sino lo irreparable. Le sigue “La vida secreta de los electrodomésticos”, quince mini ensayos autobiográficos que abren una ventana a los rituales, las mañas, los hallazgos y las observaciones cotidianas de María José González Camarena —autora de los collages que acompañan otros textos—. Los siguientes poemas, que Omar Méndez Sámano reúne bajo el título de “La casa”, toman por tema tres objetos imprescindibles para comenzar un hogar: una mesa, un refrigerador y una cama.

Pausamos por un momento la palabra para escuchar otro lenguaje de los objetos. Las esculturas de Natalia Ramos nos hablan en términos de siluetas, presencia y encuentros de formas inesperadas. La artista nos comparte una muestra de su obra que, en su diversidad material, converge en una exploración de lo vertical. Volvemos con una colección de colecciones: la biblioteca personal; en la de Adrián Cabrera, autor de “El arte del ajolote”, los libros de Etgar Keret ocupan un lugar especial, pues el humor de su estilo es una herramienta para enfrentar los vacíos de la vida. La última serie de poemas del dossier la escribió Joaquín de la Torre; en ellos, los objetos parecen ser espectadores de las escenas de la vida. Cerramos esta parte con un excelente ensayo de Ausías Meza, que discurre “Sobre el vuelo de la flecha”: la domesticación recreativa de un objeto mortífero.

En el Carrusel iniciamos con un ensayo de Jesús Fabián Tapia Quintero sobre el vacío, las pérdidas y los silencios como la materia prima de la poética de Louise Glück. Para Entre voces, Uriel de Jesús Santiago Velasco entrevistó a David Calderón Zonana Uziel Malca a propósito de su proyecto Pocket Abuelitas, una colección de fanzines a través de los cuales recopila recetas tradicionales de la comunidad judía en México. Después, dos reseñas: Itzel Robles escribe sobre Alguien que me nombre, primera novela de Sofía E. Mantilla, que fue resultado del Primer Programa de Tutoría en Novela convocado por la UNAM. La segunda reseña, de Alegría Mendoza, es sobre un libro que seguramente será —o ya lo está siendo— un parteaguas generacional en la reflexión sobre las maternidades: Fruto, de Daniela Rea. El cómic de este número estuvo a cargo de Sofía Altieri, ilustradora poblana que nos regala una historia tierna sobre un objeto inusual: una puerta chiquitita.

Pasen, pues, a estas páginas, no sin antes advertir la sorpresiva juventud de algunas autoras, varias de ellas nacidas en los primeros años de este milenio. Es muy grato que en una misma colección de textos conviva el talento de generaciones distintas. Que disfruten este número. ¡Feliz 2024!

Aranzazú Blázquez Menes