Editorial 253

Esta edición 56 del Concurso de Punto de Partida nos sorprendió, en el mejor de los sentidos, con una gran cantidad de ganadores provenientes de distintos estados del país. Lo celebramos porque da cuenta de que la relevancia de este espacio literario y gráfico sigue creciendo. Un hecho que depende no sólo de la difusión y el trabajo editorial, sino también de nuestra comunidad lectora y de quienes eligen esta revista para dar a conocer su escritura y su obra visual.
Como cada año, buscamos entre los trabajos ganadores un denominador común para dar nombre a la edición que los reúne. En esta ocasión el tono oscila entre varias formas de la pérdida: de sentido, de vida, de identidad, o bien como ausencia y destrucción; situaciones que arrojan, inevitablemente, a los cambios,
a la transformación y, de una u otra forma, a vivir otras vidas.

Ejemplo de ello son los textos ganadores de cuento, ambos historias de duelo. “Elio” es una narrativa impecable teñida de un terror inesperado, y “Llamada entrante” explora el sentido de la familia con un tono que se desborda de angustia. Si la fotografía es uno de los lugares por excelencia de la nostalgia, las dos series que aquí compartimos la evocan con lenguajes visuales casi opuestos: “Naufragios del mar de Cortés” con planos limpios y contrastes fuertes,
y “Toda familia es el inicio de un viaje” con un juego de doble exposición que insinúa una lectura laberíntica entre personajes y espacios.

La búsqueda de un algo otro, alguna revelación quizá, también se hace presente en los dos trabajos premiados de poesía. “Cuando llegaron las simetrías”, a decir del jurado, construye una “épica doméstica e iconoclasta”, y “Neurópolis” pregunta desde una tecno-utopía por lo que somos a partir de lo que dejamos de ser. El primer premio en la categoría minificción continúa la metáfora tecnológica, pero con un giro nihilista en “Manual de existencia”. Y el segundo,
“Sobre la necesidad de la quietud”, dibuja un enigma circular entre la emergencia y la parálisis. La evocación del fuego también está presente en el ensayo ganador del primer premio: “Caballo, candela, ceniza”, sobre la indocilidad de las llamas y lo que transforman irremediablemente. Y en el sentido del cambio, el segundo premio, “Anatomía de una cama”, reflexiona en torno a los colchones como espacios de vacío, descanso o enfermedad, pero también como espacios fecundos para la escritura.

En gráfica el cuerpo es el centro: “Cursiva” construye un imaginario metafísico con trazos suaves y, al contrario, “Adultos chiquitos” es una serie de escenarios de encuentro a través de un estilo más bien cargado y contundente.

El primer premio en crónica fue para “El demonio y la charanda”, sobre la transmisión generacional de la talla de máscaras en Michoacán y el riesgo que corre a cuenta de la migración, la violencia y la precarización. Un texto que acompañamos con dos linograbados de Rosalío García, artista de la región. El segundo fue para “Crónica de una navidad en aguas negras”, que trae a cuenta la lucha de una comunidad contra la corrupción. Cerramos con narrativa gráfica, donde ambas ganadoras construyen una atmósfera de anhelo: “Luna de octubre” motivada por la admiración hacia el astro, y “Azul”, el final imaginario de una anécdota real.

Nuestras felicitaciones a cada una de las personas premiadas. Que este reconocimiento las siga impulsando a trabajar su estilo y a seguir creando.