Editorial
Conforme pasan los días, la cuenta regresiva para el inicio del Mundial de Futbol 2026 se acerca a su fin. No cabe duda de que se trata de un evento tan grande como agridulce y contradictorio. Este número, particularmente ensayístico, es reflejo de ello: da cuenta de la dificultad para conciliar la pasión por el deporte y la conciencia sobre las violencias derivadas del campeonato; ante ello, los colaboradores que llevan el futbol en la piel observan ambas caras, críticos de lo que conlleva. Y los que no son aficionados recalcan cómo algo que les sería indiferente, les está cambiando la vida… pero no para bien. Aunque algunos temas se repiten, también se complementan entre sí y construyen una perspectiva más completa de este fenómeno.
De ahí el nombre de esta edición: fuera de lugar porque la dinámica global y capitalista que articula esta competición parece alejar al futbol del centro de la cancha y empaña la genuina emoción que despierta. Porque una fiesta así de grande se siente descolocada cuando el principal anfitrión es también quien orquesta uno de los escenarios bélicos más devastadores de las últimas décadas, y con México, otra de las sedes, su relación tampoco ha sido cordial. Y porque quizá también se puede hacer el ejercicio de suspender, por noventa minutos, ese lugar conflictivo al que han conducido la pelota para disfrutar del juego.
Por eso, ante todo, comenzamos con lo que despierta el deporte en sí: la ilusión de vivirlo con quien se ama y se comparte la camiseta, como la nostálgica crónica de Alan Santos. O el ensayo de Joaquín de la Torre que pone en la balanza de la felicidad la victoria y los motivos más profundos para seguir persiguiendo el balón. Contrasta el cuento de Jorge Malpartida Tabuchi —de Arequipa—, cuyo personaje encarna la rivalidad entre Perú y Argentina; y el de Dora Luz Herrera Jiménez, sobre el sueño futbolístico de un sicario en un escenario de terror.
Alejandro Durán Moctezuma ensaya un mano a mano entre la devoción y la racionalidad y entre fenómenos como la “democracia corinthian” y “el espectáculo de los grandes capitales”. Su ensayo, que toca las corruptelas de la FIFA, dialoga con el de Marianna Cabrera Vizcarra, quien cuestiona los límites del negocio deportivo a propósito de la autoexplotación de los jugadores, los formatos de las competiciones y el hartazgo de los aficionados. Esto último, por supuesto, vuelca la mirada hacia la gentrificación y la desarticulación de lo comunitario, al abuso de inversionistas y autoridades, y al apresurado lifting al que someten a las ciudades anfitrionas; sobre ello habla Luisa M. Zárate en “Sedes invisibles”.
Escribe Diego Salomón Hernández García en “Radio Soccer”: “Pero nada es más importante que el partido, / en noventa minutos el tiempo se filtra entre los horizontes de las piernas. […] La transmisión acaba / y una industria abominable se apodera de este baile sospechoso”; y el ensayo de Luis Fernando Rangel, que cierra el dossier, es un recuento de algunos hitos —el gol del siglo, la mano de dios, #noerapenal y otros— que bien podrían desfilar entre estos versos y nos recuerdan que, a final de cuentas, “La pelota es el pretexto”.
En Del archivo, Arturo Molina entrevistó a Juan Villoro, un fichaje estelar para este número no sólo porque ambos comparten la pasión por el futbol, sino porque, además, Villoro forma parte de los autores que comenzaron su camino literario en el piso 10 de Rectoría, sede de los talleres organizados por Punto de partida en los setenta. Para Tesauro, publicamos una minificción de Fernando Oliveroz. Y en la sección de reseñas Luisa Ivette Ortiz Ramos habla sobre la pieza Gol (puto) del artista mexicano Romeo Gómez López, presentada en la pasada Semana del Arte; y Axel Alonso reseña Despelote, un videojuego creado por Julián Cordero y Sebastián Valbuena que explora la construcción de la identidad infantil en un escenario donde Ecuador enfrenta la posibilidad de calificar para el Mundial del 2002. La gráfica de este número, muy elocuente en cuanto a emociones y críticas, son collages de Luis Brock y Beto Ortiz, pinturas de Mariana Hernández y fotografías de Karla Vázquez.
Nos guste el futbol o no, que México sea una de las sedes lo convierte en un tema que no se puede ignorar. Este número es una muestra de cómo lo vive una generación, esperamos que su lectura continúe el diálogo.