Vacío / Poesía / No. 255
Horror vacui
Adrián Cabrera
Una infancia mascabada sangre
es más oscura
que el más profundo agujero
en la pared
El niño desea que su madre lo levante
para observar
el interior del nicho
Por un segundo el niño
lo ha olvidado
Frente a un agujero en la pared
el niño piensa en la vida
más allá
de su madre
La pared empieza a llenarse de cicatrices
Observa el verde del musgo
y le dan ganas
de morderlo
Todo cuanto entra en una consciencia rota
se desparrama
de su contenedor: es susceptible
a echar raíces
Una grieta es siempre el inicio
de grietas
más grandes
En lugar de flores brotan como pétalos
fosas inmensas
hacia un futuro irrecuperable, de antemano
marchito:
Observa la fotografía tamaño infantil
de su madre
y la imagina siendo una niña
y la imagina cubriéndose de musgo
y la imagina teniendo hijos
con cabeza de gusanos
Observa la fotografía tamaño infantil
de su madre
e imagina su fotografía tamaño adulto
en un nicho
No es la primera vez que piensa
en la muerte, pero sí
la primera que piensa en cambiar lugares
con su madre
Piensa que un agujero en una pared,
debe ser tan frío
como la fotografía de un abrazo
en negativo
Su vida empieza a llenarse de grietas
No es la primera vez que piensa
en la muerte,
pero sí la primera que piensa
en morir
Se da cuenta de que un agujero
son muchas grietas
abrazadas en un sitio y le da miedo
que de tantas condolencias
su corazón se duela y se abra
como un fruto maduro
Su corazón, lo sabe,
es una manzana inmadura
Le da miedo pensar que a partir de ahora
las cosas sucedan siempre
antes de tiempo
Un fruto
que de tan inmaduro se abra a pedazos
Un corazón
en el que sus hermanos cabeza de gusano
hagan tantos agujeros
como un columbario
La vida termina llena de versículos
Le da miedo pensar en un futuro
donde el árbol no vea
el fruto
de su fruto
Piensa que un nicho es lo contrario
a una tumba
porque en ellos no existe
la posibilidad
de albergar verdaderas raíces
Con un agujero en la tierra
sería distinto
Un agujero en la tierra
podría ser un árbol
Un árbol podría, con el tiempo,
darle un fruto
que calce en el nicho de su pecho
De las grietas de sus ojos brotan lágrimas
Qué ganas de morder
el musgo
como una suculenta manzana
Qué ganas de dejar en la cáscara
del olvido
la marca de tus dientes
Adrián Cabrera
Una infancia mascabada sangre
es más oscura
que el más profundo agujero
en la pared
El niño desea que su madre lo levante
para observar
el interior del nicho
Por un segundo el niño
lo ha olvidado
Frente a un agujero en la pared
el niño piensa en la vida
más allá
de su madre
La pared empieza a llenarse de cicatrices
Observa el verde del musgo
y le dan ganas
de morderlo
Todo cuanto entra en una consciencia rota
se desparrama
de su contenedor: es susceptible
a echar raíces
Una grieta es siempre el inicio
de grietas
más grandes
En lugar de flores brotan como pétalos
fosas inmensas
hacia un futuro irrecuperable, de antemano
marchito:
Observa la fotografía tamaño infantil
de su madre
y la imagina siendo una niña
y la imagina cubriéndose de musgo
y la imagina teniendo hijos
con cabeza de gusanos
Observa la fotografía tamaño infantil
de su madre
e imagina su fotografía tamaño adulto
en un nicho
No es la primera vez que piensa
en la muerte, pero sí
la primera que piensa en cambiar lugares
con su madre
Piensa que un agujero en una pared,
debe ser tan frío
como la fotografía de un abrazo
en negativo
Su vida empieza a llenarse de grietas
No es la primera vez que piensa
en la muerte,
pero sí la primera que piensa
en morir
Se da cuenta de que un agujero
son muchas grietas
abrazadas en un sitio y le da miedo
que de tantas condolencias
su corazón se duela y se abra
como un fruto maduro
Su corazón, lo sabe,
es una manzana inmadura
Le da miedo pensar que a partir de ahora
las cosas sucedan siempre
antes de tiempo
Un fruto
que de tan inmaduro se abra a pedazos
Un corazón
en el que sus hermanos cabeza de gusano
hagan tantos agujeros
como un columbario
La vida termina llena de versículos
Le da miedo pensar en un futuro
donde el árbol no vea
el fruto
de su fruto
Piensa que un nicho es lo contrario
a una tumba
porque en ellos no existe
la posibilidad
de albergar verdaderas raíces
Con un agujero en la tierra
sería distinto
Un agujero en la tierra
podría ser un árbol
Un árbol podría, con el tiempo,
darle un fruto
que calce en el nicho de su pecho
De las grietas de sus ojos brotan lágrimas
Qué ganas de morder
el musgo
como una suculenta manzana
Qué ganas de dejar en la cáscara
del olvido
la marca de tus dientes
Adrián Cabrera (Ciudad de México, 1997). Estudió Literatura Dramática y Teatro en la UNAM. Ganador del primer lugar del 2° Concurso de Escritura Teatral de la Cátedra Nelson Mandela, del VVII Concurso Nacional de Poesía Desiderio Macías Silva y del XLIII Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos.
