0240_Editorial
Los movimientos sociales nunca son uniformes. Aunque tengan una semilla en común, se van ramificando según la diversidad de personas que los integran, sus orígenes y vivencias. Para este número convocamos a escribir sobre los feminismos. La cuestión central fueron esos armazones mutables y a veces contradictorios sobre los que se ha ido construyendo este movimiento. La respuesta fue numerosa y en ella predominó la reflexión a través del ensayo; también hubo una constante: la certeza de que debemos apropiarnos de aquello que por siglos nos fue restringido a las mujeres: la escritura y el cuerpo. El resultado es este número, ANDAMIAJES FEMINISTAS, una impronta de esta generación y de su carácter.
Por ello comenzamos con un ensayo de Casandra Gómez que reivindica el valor político de la escritura de lo personal como un ejercicio contra el silencio. A éste le siguen dos poemas de Yaroslabi Bañuelos, “Incendio” y “Espejos”, ambos en un tono empático hacia la tristeza de otras, sean amigas, madres o abuelas. Las decisiones que tomamos sobre nuestro cuerpo son el tema central de “Sangre sin memoria”, un cuento de Angélica Mancilla García que transmite la angustia que invade a una joven de 19 años durante un aborto no acompañado. En la otra cara de la moneda, Abigail Zentella Hernández denuncia, desde su experiencia como médica y divulgadora de la ciencia, los prejuicios de género y de clase presentes en la enseñanza de la medicina y en su práctica.
Siguen dos textos, un ensayo y un poema, con un motivo en común: la lucha interna y constante que implica desaprender los hábitos, las expectativas y autopercepciones que hemos interiorizado desde pequeñas: “Feminismo, interrumpido” de Sandra Dolores Gómez Amador, y “Carta a los editores”, de Ximena Cervantes, una reescritura de las reglas de la amistad. Continúa un ensayo de Luz Rangel, una periodista joven que describe lo que significa acuerpar en las distintas actividades de su profesión, que ha sido y es imprescindible para todos los movimientos sociales. “Ya no”, de María Villa, es un cuento con una atmósfera construida desde el intersticio fantasmal entre el presente y la memoria, la vida y la muerte, un cruce a través del cual una hija y una madre tratan de escapar de la violencia.
Silvia Santaolalla, autora de “Las nombramos bordando: entre lo textil y lo textual”, retoma la conjunción entre la escritura y la memoria; en su ensayo la falta de justicia frente a los feminicidios es uno de los motores para escribir a pesar del miedo. A sus palabras las acompaña el registro de “Ecos de rebeldía”, una obra textil de Marilia Castillejos compuesta por las fotografías y los nombres de mujeres que tomaron su lugar en la esfera pública y política a través del Partido Liberal Mexicano de principios del siglo XX.
Sigue un fragmento de “Te quedas en el mar, mamá”, una obra de teatro de Alicia Espinosa que retrata los círculos de violencia intergeneracionales y la dificultad para salir de ellos. En contraste, en el cuento de Sara Padilla, la maternidad y las relaciones de pareja son todo lo que no le hace falta a la protagonista, a pesar de la incredulidad de los que la rodean. Sigue un poema de Azul Ramos, “Nadie sabe dónde estás”, que hace eco del dolor de seguir viviendo sin conocer el paradero de familiares desaparecidos. Cerramos con “Cuerpos diáfanos III”, de Iliana Olalde, un texto que regresa la mirada al cuerpo como ese lugar desde el que se hace y se transforma el mundo.
Al Carrusel lo encabeza un homenaje a Nellie Campobello de la mano de Luisa Valenzuela. La entrevista estuvo a cargo de Uriel de Jesús Santiago Velazco, quien conversó con la autora española Luna Miguel sobre la escritura del placer, los tabúes sociales que se cuelan en la literatura y la maternidad. Este último también es el tema de la reseña que hace Claudia Santos a la novela Casas vacías, de Brenda Navarro. Además publicamos los textos ganadores del XXI Concurso de Crítica Teatral Criticón, Teatro UNAM: “Dos cartas”, de Ada Elizabeth Carrasco Mahr y “Un obús en el corazón: del miedo al lenguaje redentor”, de Guadalupe Gómez.
Tinta Suelta es una historia de Diana Escobar titulada “Recuerdos que nunca se marcharán”. A este número lo ilustran fotografías de Valeria León Licona, Alícia Antonioli y Perla Mónica Castro Cruz, artistas que han acuerpado marchas a través de su mirada, y collages e ilustraciones de Lizbeth Bolaños, Anilú Zavala, Victoria Tejeida y Aarón Farid Negrete.
Esta edición está conformada por autoras que escriben lo que son y lo que viven. Como se darán cuenta al pasar por sus páginas, parte de ello es posible gracias a que esta generación ha podido leer y dialogar con otras generaciones que ya anduvieron este camino: autoras como Margo Glantz (quien inició este gran punto de partida), Daniela Rea, Gloria Anzaldúa, Rebecca Solnit, Mónica Ojeda, Mónica Mayer, bell hooks, Dahlia de la Cerda, val flores, entre otras, así como aquellas mujeres cuyo nombre no conoce la Historia, pero están presentes en los anaqueles de nuestras historias personales.
Cierro esta nota editorial retomando la idea de Iliana Olalde de pensar los feminismos como un ensayo constante; se trata, como escribe, de “probar, practicar, encontrar la manera, reconocernos en ese estado de presencia, cuestionando, dialogando, confrontando, imaginando para construir la realidad”.