Mi casa

I

En un segundo
la mejor de las palabras
puede ser olvidada mientras se observa
    un fragmento de madera
en la silla de la cocina
    al ritmo del parpadeo
de un foco a punto de fundirse.

Y en aquel oscuro trayecto
hacia la humedad de la memoria
entre el destello en la piel
y una garganta ingenua
la más bondadosa de las polillas avanza
se detiene de pronto
en la caricia de una pared desgastada
sobre el hule limpio que resguarda el comedor
entre el calcetín que perdió su par
y todas las palabras
ahora pueden ser contenidas
en el segundo más largo de una tarde calurosa.

La polilla se adhiere
a todo lo que la escritora no puede mover
sobre sus alas descansan
los cimientos de una casa en renta,
sus patas han acariciado
los cabellos que nadie verá de nuevo.

En su vuelo descubre la inquietud
de una estufa frenética, renuente
y los espasmos de una vieja lavadora.

Aquella hermosa polilla se detiene
en los rincones que a nadie le importan
ciertamente, ella se posa en la inmediación
del tiempo, el silencio: la espera.


II


Entre restos de sonido el grillo canta
intercala los suspiros secretos
la reconstrucción de un pueblo que duerme
el silencio atrapa moronas de movimiento
como las cintas atrapamoscas
que cuelgan en el techo de una tienda de abarrotes.

Pero el grillo derrama un camino a su encuentro
ante la necesidad de compañía
la escritora resiente
y en los descansos melódicos
frota sus palmas debajo de la colcha.

El grillo sigue cantando
lo hace cada vez más fuerte
evidente, tal vez
para la población que espera
una alarma odiosa, el picor
sobre la espalda por el sol
pero a nadie despierta
porque el grillo se ha cansado
y volverá a intentarlo mañana.


III

La cucaracha jamás ha sido testigo
de la risa que se despliega en las cortinas de la casa,
se oculta despreocupada
en los puntos ciegos de lo cotidiano
del cuerpo, los azulejos sarrientos.

Como hoja en blanco
ella espera la posibilidad
    la caída, el desperdicio
que mantenga su mordida
la expresión del deseo
traducida en un pedazo de membrillo
una nube de huevo revuelto en el comedor
restos de galleta debajo de la cama.

La más astuta de todas
resbala entre los pies
no teme que la pisen
    teme que la encuentren.